Jorge Augusto Zelada
MALVINAS: Cómo hubiéramos ganado la guerra


¿Por qué perdimos la
guerra de las Malvinas ?

La respuesta viene en los manuales: Porque pusimos 12.000 soldados para defendernos de 28.000 marines. Es sabido que 28 es más que 12, sin contar la desigualdad de potencial bélico ni el hecho cierto de que los ingleses tienen un ejército de profesionales.

En las acciones ejecutadas en tierra jamás pudimos ganarles, porque siempre estuvimos en desventaja. Distinto ocurrió en los cielos, donde nuestros pilotos dieron una lección de coraje y bravura que aún hoy comentan en los clubes de veteranos de Londres. Les hemos hundido o puesto fuera de combate un cuarto de Task Force y hubiéramos seguido en esa tesitura si antes no nos quedábamos sin guerra.

Cómo lograr que los británicos acepten pelear o no en el continente es el tema central de este libro. Aquí no serían 12.000 sino 200.000 soldados, permanentemente pertrechados, y hasta un millón si hablamos de los reservistas, suficientes como para que los ingleses lo piensen dos veces e inicien las tan reclamadas conversaciones sobre la soberanía de las islas.

«A los héroes callados;
a los que murieron sin decir nada»



PRÓLOGO

En 1982 la potencia militar Nº 79, la Argentina, se enfrentó bélicamente a la tercera potencia mundial, ayudada ésta por la primera y todo el resto de la OTAN. Fue una lucha tan despareja que se aseguró que el potencial de fuego era igual a 12 x 1.
Los ingleses, tan seguros de una rápida y limpia victoria, se vinieron llenos de confianza y, de paso, ordenaron el hundimiento, fuera de la «zona de exclusión» y con proa al continente, del Crucero Gral. Belgrano, con más de mil tripulantes a bordo! Fue un acto de pura piratería, propio de la prosapia de los ejecutores.
Nosotros lloramos a nuestros muertos y salvamos 600 y pico de nuestros asombrados héroes.
Solo un par de días después comenzó la verdadera guerra, con derramamiento de la querida sangre inglesa. Un proyectil “Exocet”, enviado por nuestra marina, estalló en el Sheffield y lo incendio, matando a más de 20 ingleses, reconocidos oficialmente por ellos.

Siguió a esto una orgía de sangre y luto. Llenos de una furia infinita, de esas que sólo dan 149 años de frustraciones, nuestros aviadores atacaban con saña kamikase, colocando sus viejas bombas, que no estallaron en más del 60 %. No obstante, lograron hundir, a más del Sheffield, el Coventry, la Ardent, la Antelope, el Atlantic Conveyor y el Plymouth; igualmente quedaron seriamente averiadas y fuera de combate el Glamorgan, Brillant, Glasgow, Antrim, Argonaut, Sir Bedivere, Fearless, Sir Lancelot, Avenger, Alacrity, Sir Galahad, Sir Tristram, Broadsword y algún otro par de portaaviones que la armada inglesa niega y debemos esperar hasta el 2082, en que recién serán descalificados los documentos referidos a Malvinas... ¿Por qué tanto tiempo? ¿Qué tienen que ocultar?
Y la guerra fue...Con lágrimas, sudor y sangre. Y al final ganaron ellos, los poderosos, los que no debieron ganar jamás en la historieta de la vida, porque el coraje, la abnegación y el patriotismo los pusimos nosotros en mayor medida. En mucha mayor medida.

TRES ERRORES DE LA JUNTA MILITAR

1) Haber difundido fotos de soldados británicos rendidos, con las manos en la nuca y otras posiciones humillantes. Si lo que se pretendía era producir el menor daño posible al orgullo inglés, esas fotos fueron la peor idea.

2) Liberar a los marines británicos y demás autoridades vía Montevideo, un gesto insuficiente para aplacar las iras del enemigo, y que privaba a la Argentina de una valiosa carta de negociación.

3) Elegir el peor teatro de operaciones de guerra, como son las propias islas recuperadas.

OPCIONES

Pasemos a reflexionar acerca de nuestras opciones:
Cuando el 3 de abril de 1982 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ordena a la Argentina retirar sus tropas e iniciar negociaciones con el Reino Unido, tuvimos que haber obedecido, pero transportando al continente a casi todos los habitantes de las islas, que estaban bajo la protección, amparo y soberanía de nuestro país, sobre todo después de la rendición incondicional del Gobernador británico y sus tropas, todos ellos convenientemente guardados.
Cualquier Gobierno del mundo tiene la obligación de tomar medidas para proteger a la población civil del peligro que significa estar inmersa en la primera línea de un teatro de operaciones militares, ya que en caso de fracasar las negociaciones ordenadas por la ONU, la Argentina se reservaba el derecho de reiniciar las hostilidades.

VACACIONES PAGAS

La población total de las islas, en 1982, no llegaba siquiera a los dos mil habitantes. Si excluimos a los ancianos, los peones necesarios para mantener la actividad agropecuaria, los policías, bomberos y técnicos de los servicios de luz, agua, etc., podemos calcular en unos mil los “kelpers” a ser trasladados al continente, para alojarlos en los mejores hoteles y centros turísticos de todo el país, pagados totalmente por el Estado argentino, con la más ámplia libertad personal y atendidos “a cuerpo de rey”. Lógicamente que los reporteros de todo el mundo podrán cubrir la noticia, mostrando al mundo lo bien tratados que estarán esos compatriotas de las islas usurpadas por Gran Bretaña.
¿Se imaginan ustedes a esas familias malvinenses disfrutando de la mejor hospitalidad criolla, haciendo amistades con otros argentinos, saboreando nuestros mejores asados, rotando permanentemente (digamos cada dos semanas) de un centro turístico a otro, conociendo el país, “su” país, con escenarios como las Cataratas del Iguazú, el Cerro Catedral, las Termas de Río Hondo o las playas de Mar del Plata...?
Uno sólo de los aviones perdidos durante la guerra cuesta mucho más que abonar las facturas de transporte y hospedaje de estos compatriotas, sin contar la inapreciable sangre de nuestros pilotos héroes.

Por otro lado, la permanencia de los “kelpers” en el continente es funcional a una política de captación de su simpatía hacia nuestra causa.
Un “kelper” conquistado es un enemigo menos y un amigo más. No hay que olvidar que la opinión de los habitantes de las islas es el principal pretexto del Reino Unido para negarnos la soberanía... Si llegamos a conquistar su aprobación ¿qué más nos van a decir?
Una política de seducción es esencial para nuestra causa!...

MENSAJE A INGLATERRA

¿Cuál es la lectura que podían dar los ingleses a esta situación?
Probablemente, con el sentido común que les caracteriza, se harán la siguiente composición:
Estos astutos argentinos abandonaron “la piedra del escándalo” pero se llevaron a la gente, a la que tratan con finísima deferencia, con lo cual es difícil acusarlos de secuestradores, ya que la prensa mundial ve a los isleños, ciudadanos de segunda para el Reino Unido, gozando ahora de maravillosas vacaciones de primer nivel con las que jamás osaron siquiera soñar.
Por otra parte, el centenar de militares ingleses rendidos con las autoridades depuestas están alojados en casinos de oficiales de distintas guarniciones, tratados con suma deferencia, más como invitados a una reunión de camaradería que como lo que son: prisioneros de guerra.
Un capítulo especial merece la situación de la primera ministra británica, a principios de 1982. Su situación política estaba muy debilitada, ya que sus revolucionarias medidas de corte neoliberal no habían dado aún resultados satisfactorios en la economía y muchos estaban horrorizados del trato dado a los mineros irlandeses en huelga de hambre, algunos de los cuales llevaron la medida hasta sus últimas consecuencias, muriendo de inanición.
¿Tendría en esas condiciones suficiente liderazgo como para convencer a sus pares de la necesidad de llevar una flota como la que armó, debilitando a la OTAN en plena guerra fría, para recuperar islas que ya no estaban bajo dominio físico de los argentinos?
En cuanto a los isleños transportados al continente, eso era claramente una cuestión diplomática y no militar, salvo que se pretenda iniciar una invasión a un país habitualmente amigo, donde hay fuertes intereses británicos y toda una tradición de colaboración mútua.

NEGOCIACIONES

La Resolución 502 ordenaba a la Argentina retirar sus tropas y a ambas naciones a iniciar conversaciones serias respecto al tema de la soberanía de las islas. El transporte de casi toda la población malvinense al continente y la retención de cien prisioneros de guerra británicos (excelentemente tratados, pero aún así prisioneros) ameritaba que el Reino Unido, luego de 149 años de indiferencia y burla, se viera obligado a aceptar las tan reclamadas conversaciones.
Dentro de ellas se abría un amplio abanico de posibilidades, incluyendo una salida tipo Hong Kong, con traspaso de soberanía en determinada cantidad de años, con un estatuto especial de autogobierno a los isleños, por un período a establecerse. U otras opciones...

NO HAY TU TÍA

Supongamos por unos minutos que los ingleses no quieren saber nada y amenazan con la guerra si no se les entrega en un tiempo equis sus soldados y sus “kelpers”.
Allí se abre una autentica posibilidad de guerra, que será extremadamente favorable a nosotros. Doscientos mil soldados y la posibilidad de llamar a un millon de reservistas. ¿Qué pueden hacer 28.000 “marines”, por muy armados que estén, contra semejante desproporcion de fuerzas?.
Un informe francés, dado a conocer 20 años después, señala que sobre 100 buques que componían la Task Force, 25 fueron las pérdidas de Gran Bretaña. ¿Se imaginan nuestros aviones operando permanentemente sobre la flota inglesa? Nada del esfuerzo titánico de tener que cargar combustible hasta tres veces a la ida y otro tanto a la venida, como debían hacer nuestros aviones para operar cinco minutos sobre la flota enemiga !
Ahora el gasto deberá ser británico: Sus muy bien cuidados buques deberán acercarse para ser efectivos con sus “Harriers”, y con ello expondrán a toda la flota al intenso castigo de nuestra aviación, tanto naval como aeronáutica, que podrían decuplicar sus misiones. No podrán resistir !
¿Y por tierra cómo andamos?
De 28.000 “marines” que necesita la fuerza para operar, no más de un cuarto pueden ser combatientes, es decir 7.000 hombres. El resto queda en los buques para defenderlos, apagar incendios, hacer la comida, etc.
¿Qué pueden hacer 7.000 hombres, por muy bien armados que estén, frente a 70, 80.000 soldados, aprovisionados permanentemente?
Además, hay que tener en cuenta el desplazamiento. Si ellos llegaran a establecer una cabeza de puente en cualquier lugar del país, serían rápidamente disueltos, por no decir aniquilados.
No. Los británicos pueden ser cualquier cosa, menos tontos. Preferirán retomar las islas, y desde ahí lanzar amenazas, pero nada más. Hasta ahora no hubo una sola gota de sangre británica derramada, y esto es importante para la opinión pública inglesa, que, dicho sea de paso, deberá votar este año.
En conclusión, la defensa de las islas en las mismas islas fue un error estrategico de nuestros militares. Tuvimos que elegir el continente; es decir, poner toda la carne en el asador. Las vacaciones pagas a los kelpers, con un trato de agencia de viajes y la seguridad que serán nuestros invitados siempre, eternamente, si así lo disponen los ingleses.
En fin, la presencia de los “kelpers” en el continente y un grupo de prisioneros británicos, es una cuestión meramente diplomática que se resolverá como corresponde, sin derramamiento de sangre y con las opciones del caso, que son muchas, para que las islas por fin y definitivamente sean argentinas.


Jorge Augusto Zelada
oparei@oparei.com
MALVINAS: Cómo hubiéramos ganado la guerra