Jorge Augusto Zelada
“No me ayude, compadre !!!”
Esta era la reiterada súplica del mexicano a su compañero de fechorías, en una de esas viejas y satíricas películas de mariachis. Y es que las torpes intervenciones del bien intencionado amigo sólo servían para empeorar las cosas !

En el Paraguay la frase debiera dirigirse a un cúmulo de legisladores, políticos y sindicalistas empeñados en imponer leyes y códigos ideales, muy nobles pero totalmente a contramano de la realidad.

«Lo excelente es enemigo de lo bueno», sentencia el proverbio. Leyes demasiado «perfectas» impiden la vigencia de una reglamentación menos ambiciosa pero más factible.

Cada año se suman al mercado de trabajo 150 mil nuevos postulantes. Son jóvenes inexpertos, muchos de ellos con escasísimos conocimientos prácticos. No saben siquiera escribir a máquina; otros ni siquiera saben escribir, y punto. Nuestras nobles leyes dicen que deben ganar un «sueldo mínimo» que está entre los mejores de América, tener aguinaldo, vacaciones, Previsión Social, etc. etc. Nadie los contrata.

Para peor, las nobles leyes le impiden al candidato rebajar sus pretensiones. «¡Los derechos del obrero son irrenunciables!» Nadie los contrata. Un chipero tiene la opción de bajar el precio de su producto si no tiene ventas. Un obrero no. «¡El trabajo no es una simple mercancía!» Nadie los contrata.

Un industrial de los denominados «pequeños» me decía hace poco: «Yo podría dar ocupación al doble o triple de los empleados que tengo en mi taller ahora, si el Estado me permitiera una libre contratación con los postulantes; les enseñaría un oficio y, en poco tiempo, ellos ganarían no sólo el sueldo mínimo, sino mucho más! Pero así como están ahora son unos inútiles! No me sirven! Sencillamente no es negocio contratarlos.»

Si los pobres desocupados del país tuvieran tan sólo el derecho de aceptar ser explotados ¡que distinto sería todo!

Pero tenemos leyes tan, pero tan perfectas, que acá podrá haber miseria, desocupación, ignorancia, prostitución, hambre ¡pero nunca explotación!

Jorge Augusto Zelada
oparei@oparei.com
“No me ayude, compadre !!!”