Jorge Augusto Zelada
Libre comercialización de bebés
Estábamos en ese templo sagrado de la bohemia asuncena que alguien con mucho sentido mnemotécnico bautizó «La Familia», cuando surgió el tema del bebetráfico. Las damas presentes aportaron su cuota de indignación y protesta, matizada como siempre con la insinuación de mercados negros del transplante, etc., etc. Un largo bostezo del sabio Pachín amenazó con poner final a tan aburrida temática, cuando el más viejo del grupo –al que mentirosamente llamaremos Don Tomás– arrojó sobre el tapete este horrible exabrupto:

–Yo soy partidario de la libre comercialización de bebés...

Términos como cavernario, desnaturalizado, usurero de la sangre y lumpen moral fueron los más misericordiosos. Pero, claro, así como el estruendo de la bomba de Hiroshima terminó algún día, llegó el momento en que se produjo el esperado silencio, que permitió al vapuleado Don Tomás exponer su tésis:

– Miren: Paraguay presenta el más alto índice de crecimiento demográfico de América, y es serio candidato a ocupar en cualquier momento el primer puesto a nivel mundial. Las pocas guarderías públicas están abarrotadas al máximo. No hay plazas siquiera para instruir a todos los chicos en edad escolar, y menos aún fuentes de trabajo para todos los padres. En una palabra: el Estado no está en condiciones de asegurar una vida medianamente digna a todos los niños, pero se siente con derecho a dictar cátedra de moral y buenas costumbres a una madre desesperada que prefiere vender su bebé a algún matrimonio sin hijos...

– ¿ Pero por qué vender ? ¡ Que regale, en todo caso ! ¡ Que dé en adopción... !

– ¿ Y por qué no vender ? Si el médico que atendió ese parto lucró con ese ser humano, y también lo va a hacer el abogado que intervendrá en las escrituras de adopción... ¡ Es una madre pobre ! Vende el fruto de sus entrañas como un profesional vende el fruto de sus conocimientos. ¿Y cuál es la diferencia moral entre vender un niño o cobrar honorarios profesionales por la adopción de un niño?

– Que la plata se la queda el abogado...

– Exacto. Y nada más. Mi idea es que los padres puedan transferir a su bebé a través de una simple escritura pública, por medio de la cual el Estado pueda enterarse del hecho y realizar todos los seguimientos que juzgue necesarios para controlar la crianza de ese niño, ya sea en el país o en el extranjero a través de los consulados, etc.

– Sigo pensando que es inmoral vender un niño !

– Pero es que en realidad no se lo vende ! Sólo se está transfiriendo la patria potestad ! Y en todo caso también ahora se lo está comercializando con el disfraz de honorarios, tasas, escrituraciones, etc. La única diferencia es que la madre no cobra nada: sólo se limita a sufrir el embarazo, la pérdida de su trabajo, el dolor del parto y los gastos. Si no les gusta el término vender podríamos hablar de indemnización, por ejemplo. Es muy cómodo para el Estado prohibir y dejar que se las arreglen las pobres mujeres...

– ¿Y cuál es la diferencia entre una inmoralidad y la otra?

– En que la que yo prefiero es, en todo caso, una inmoralidad más práctica y menos hipócrita: En primer término disminuirán los abortos; los niños por encargo tendrán la protección de sus futuros padres, aún antes de nacer; las familias pobres podrán establecer vínculos de compadrazgo con familias pudientes, tanto de aquí como del extranjero y, finalmente, el Paraguay podrá erigirse en semental del mundo, exportando la prolífica sangre guaraní a todos los confines del planeta !

Don Tomás calló por fin, creyendo haber logrado un glorioso colofón a sus palabras, pero esta alusión patriotera a la diáspora de nuestros genes sólo pareció interesar al crítico Chippendale...

Jorge Augusto Zelada
oparei@oparei.com
Libre comercialización de bebés