Jorge Augusto Zelada
Impuesto a la publicidad perniciosa
La acción de la publicidad es tan diabólicamente efectiva que nadie, absolutamente nadie, puede sustraerse a su influjo.

Algunos más, otros menos, todos nos dejamos influenciar por ella, aun cuando estamos perfectamente conscientes de que los comerciantes pagan para que se digan las cosas bonitas que se dicen sobre su producto.

La propaganda es sin duda alguna el combustible que pone en marcha el poderoso motor de nuestra sociedad de consumo, y es tan importante en nuestra vida diaria que tendríamos que tener una legislación más estricta. Claro que aquí estamos entrando en un terreno peligroso, ya que la publicidad forma parte del conjunto de libertades ciudadanas. No es conveniente, pues, establecer prohibiciones, porque ello colisionaría con la libertad de expresión.

¿ Qué hacer entonces con la publicidad perniciosa, esa que induce a nuestros jóvenes a beber, a fumar, a vivir en permanente farra, como si eso fuera el fin primordial de la vida ?

Nosotros proponemos que se establezca un fuerte impuesto a la publicidad perniciosa, en especial y taxativamente al alcohol y al tabaco. De esta forma se logrará, por una parte, descomprimir la presión consumista y, por la otra, allegar fondos al fisco para destinarlos directamente a las instituciones que deben soportar el resultado trágico de esas propagandas, como ser Primeros Auxilios, Hospital de Clínicas, Instituto del Cáncer, etc.

Sugerimos, además, que el impuesto sea del 100%; es decir que por cada guaraní que se invierta para inducir a la gente a consumir porquerías, otro tanto debe ir para beneficio del pueblo... Sencillo, no?

Jorge Augusto Zelada
oparei@oparei.com
Impuesto a la publicidad perniciosa